ORGANIZARNOS (día 1, 11 de julio)

Dedicamos esta primera jornada a transitar entre dos paradigmas, el del gobierno y el del habitar, las tensiones que surgen entre ambos y la posibilidad de pasar de uno a otro o de recombinar ambos; en un intento de ir más allá del centro, de superar las relaciones dominantes, para distribuir el poder. Y lo hicimos acompañadas del filósofo de garaje Amador Fernández Savater, interesado por la filosofía vivida, la organización orgánica de lo complejo y lo emergente y la política del cualquiera aplicada al cómo queremos vivir juntos.

Además de las notas que vamos a compartir aquí, para profundizar sobre el tema es aconsejable leer el texto de Amador Del paradigma del gobierno al paradigma del habitar, así como otros de sus textos y entrevistas que linkamos desde aquí. Amador también nos deja una lectura recomendada: Conferencia sobre la eficacia de Francois Jullien para pensar sobre las diferencias en las formas organizativas desde la lógica occidental y oriental. Y enlazamos también este sabroso post de Asier Gallastegui en Korapilatzen, escrito a partir de este primer día del curso.

El paradigma del gobernar

Amador comenzó ayudándonos a reconocernos dentro de la lógica del paradigma dominante del gobernar. Un paradigma que nos hace desconfiar de los sentidos (lo que se ve no es lo que pasa) y nos orienta a la razón y el saber para entender la realidad y actuar sobre ella, doblegarla. Un saber vaciado de subjetividades y particularidades, que permita ‘hacer lo que hay que hacer’, actuar correctamente por encima de las propias situaciones, venciendo a los instintos. Gobernar pretendiendo ser cabeza, para deducir, proyectar lo que debe hacerse y llevarlo a cabo. Gobernar, convirtiendo el mundo en un objeto de control, dividiendo las cosas entre un sujeto que gobierna (abstrae, planifica, modeliza, legisla) y un mundo (de objetos, procesos, personas, etc.) a gobernar.

El paradigma de gobierno surge en su origen con un fin transformador, para plantear un estado de derecho que primase la igualdad y la justicia universal, sin favorecer a las élites, a las oligarquías dominantes. Surge con el pensamiento burgués, en el que ser libre es ser civilizado, es ser ciudadano. En gran medida el cambio revolucionario aún se sigue pensando desde esas claves, tomar el poder para poder gobernar, cambiar las leyes, los planes, desde el pensamiento estratégico, la gestión y la eficacia para articular los medios y los fines; tratando de ajustar la realidad a la estrategia y no al contrario. Una forma de organizar que sigue apoyándose en estructuras creadas según su lógica, como el aparato del estado, el partido de masas o la producción industrial. Una forma de pensar que además basa su permanencia en enseñarnos a no percibir o deslegitimar otras potencias para cambiar la realidad que laten en los mundos sensibles.

El paradigma del habitar

Esos son los latidos que dan vida al paradigma del habitar. Los que nos enseñan a creer en el mundo, a operar a partir de lo que percibimos, sentimos, experimentamos. Un habitar que es cuerpo, un cuerpo que se implica, que se afecta. Habitar como detectar y entrar en contacto con los puntos de potencia que ya existen y expandir lo que ya estamos siendo. Potencias que se despliegan no desde las posiciones de vanguardia, sino actuando desde una retaguardia reproductiva, que asegura las condiciones materiales y sensibles de posibilidad y hace sostenible el tiempo para captar aquello en tantas ocasiones imprevisible, involuntario, accidental, que surge más allá de los espacios de convencionales, de confort.

Un habitar que se sirve de dispositivos organizativos que actúan como transductores, no capturadores, sino potenciadores de energía, capaces de relanzarla una y otra vez. Dispositivos para cuidar, proveer, acompañar, favorecer, que no están institucionalizados en manos de especialistas o tecnócratas, sino que forman parte de espacios y situaciones emergentes y domésticas y están a disposición de cualquiera.

Campamentos, cocinas y bandas

Para pensar sobre el paradigma del habitar desde lo práctico, como posibilidad real, Amador se apoyó en ejemplos que nos ayudaron a plantear otro tipo de imaginario más abierto y diverso, otro tipo de hacer más procesual y experiencial, y otro tipo de autonomía más proyectada desde lo común. Hablamos sobre el 15M y levantar campamentos; sobre la Tabacalera de Lavapiés y abrir cocinas; y sobre el Campo de Cebada y componer bandas.

El 15M fue una experiencia colectiva acogedora y aglutinadora. La asamblea (en su forma inicial de micro abierto y cada vez más estructurada) era el momento de reunión, de representación, de discurso, de toma efectiva de decisiones. Pero el 15M más allá de asambleas fueron acampadas (curiosamente un fenómeno sobre el que no se ha puesto demasiada atención desde el análisis teórico). Espacios autorganizados en base a necesidades, deseos y aconteceres emergentes, que permitían que mucha gente participase de distintas formas poniendo en valor diversas capacidades. Eran espacios de sostenibilidad de la lucha y de la vida, en los que lo reproductivo adquirió una importante dimensión política. Grupos de trabajo y una multiplicidad de conexiones distribuidas en red, en las que lo que se pensaba y se hacía estaba pegado a lo material y a tareas concretas; entremezclándose los qués con los cómos, teniendo que gestionar la diversidad y la heterogeneidad, para resolver las diferencias y los conflictos, para articular lo común.

Somos una comunidad en torno a una bombona de butano”. Esta es la frase con la que se presenta el proyecto de la cocina en la Tabacalera de Lavapiés. Otra experiencia de generación de comunidad más allá de los espacios convencionales de organización y toma de decisiones, posibilitando formas de participación multinivel, con lazos e implicaciones tanto fuertes como débiles, ampliando los límites de lo común hacia lo que habitualmente ocupa posiciones subalternas. Porque debemos reconocer que en general no estamos acostumbradas a reconocer la diferencia ni a convivir a partir de ella (como mucho sabemos relacionarnos entre iguales, no como iguales). La cocina, igual que los baños, como espacio que era de todas y no era de nadie, para el que crear colectivamente unas normas mínimas de uso y disfrute, como lugar desde el que aportar al resto de la comunidad, como entorno intercultural o cuando menos multicultural.

Casi no nos dio tiempo a hablar sobre el Campo de Cebada, un espacio en el que conviven todo tipo de especies-bandas urbanas y que, no sin crisis y conflictos, ha conseguido mantenerse como un espacio plural. Un espacio en el que la asamblea (y los asamblearios) poco a poco también han ido teniendo que reconocer y convivir otros espacios complementarios legítimos de organización y decisión. Aunque no tuvimos tiempo de profundizar, por suerte podemos disfrutar de un completo dossier sobre todo esto en la Revista ALEXIA: Campo de la Cebada: Autogestión del caos.

Todos estos relatos estuvieron atravesados por uno de los temas estrellas de la mañana, como fue el cuestionamiento de ‘la asamblea’ como metodología central-hegemónica de deliberación y toma de decisiones, pretendidamente horizontal, asumida como la más pertinente de manera habitual por los movimientos sociales autogestionarios. Una forma que no deja de ser una convención y que necesita ser revisada, hackeada y complementada por otros dispositivos formales e informales; para superar la hegemonía de lo retórico y discursivo, para romper las distancias entre quienes deciden y quienes ejecutan las decisiones, para evitar inercias y acumulaciones de poder.

Algo que no fue un ataque a la asamblea, sino un intento de sofisticación desde la diversificación de posibilidades. Entender la asamblea no como el lugar central y único de decisión, sino como uno más de tantos posibles (la asamblea no como el cerebro del cuerpo, sino como una parte más de un ‘cuerpo sin órganos’). Multiplicar estos lugares para que cada cual encuentre el suyo. Abrirnos a otras formas posibles, alternativas, complementarias, desde lo concreto y situado, para enriquecer los procesos deliberativos dándoles su tiempo. Fue muy interesante esa idea de que hay decisiones que se toman y cristalizan en asamblea, pero que en realidad ya se han tomado antes en múltiples conversaciones previas. Para eso resultan imprescindibles situaciones de intercambio y recíproca fecundación, para que esas conversaciones tengan lugar, se genere una especie de espontaneidad trabajada, las decisiones se vayan decantando, vayan cogiendo cuerpo, vayan prendiendo… Para que suceda lo que tiene que suceder. Situaciones que dimos en llamar de PENSACCIÓN.

Más que tomar decisiones, las decisiones nos toman a nosotros”, citó Amador al renovador de la psicoterapia institucional, Jean Ouri. Y nos habló de su proyecto La Borde, un laboratorio de psicoterapia colectiva multidimensional, desde una aproximación social, psicológica, psicoanalítica y biológica. El reconocimiento de que “Todo delirio surge en un contexto social y cultural determinado” como afirmaba Félix Guattari, director adjunto del mismo centro. Una apuesta por crear un ambiente de relación y de responsabilidad compartida entre los enfermos y el personal sanitario —a través de la puesta en marcha de un Club Terapéutico y una constelación de cuidados—, que provoque la consecución de autonomía y una apertura al mundo exterior. Una apasionante aventura institucional que puede conocerse un poco mejor a través del documental de Nicolas Philibert La moindre des choses.

Para terminar con esta pequeña crónica de lo mucho que dio de sí la mañana, señalar el interés que suscitaron también los límites de lo habitable, sobre todo si queremos que las experiencias sean inclusivas y sean duraderas (para poder tomarnos el tiempo que reclamamos), sin que se conviertan en endogámicas y estén continuamente sometidas a la provisionalidad. Algo que demanda atención y compromiso constantes y un continuo ejercicio individual y colectivo de resituación, para hacer durar sin congelar, cambiando para permanecer. Algo que puede resultar agotador y que sólo puede sostenerse desde los cuidados colectivos y que tiene que ver con esta afirmación de Silvia Federici “Un movimiento que pretende durar, tiene que hacerse feminista”. El feminismo como caldo de cultivo de otras tecnologías blandas.

Excavación Permanente

Por la tarde intentamos profundizar en lo hablado por la mañana. Para ello utilizamos la metodología dialógico-performativa de código abierto Excavación permanente, de Societat Doctor Alonso. Un procedimiento basado en la escucha activa y en tratar de llegar juntas lo más profundo posible de un concepto. Probablemente, debido a la falta de experiencia tanto del capataz como del grupo excavador, hicimos un uso de la metodología poco ortodoxo, pero a lo largo de la tarde fuimos entrando en calor y le sacamos buen provecho.

Empezamos a excavar el concepto GOBERNAR:

– Administrar el bien común.
– Gobernar es tomar el poder
– ¿Cómo administrar o gobernar sin dominar?
– Con justicia
– ¿Puedes precisar justicia?

– Igual descubrimos que gobernar es otra cosa.
– Gobernar es algo diferente a lo que debería ser gobernar

– Gobernar es controlar, vigilar y castigar.
– Imponer y acordar normas. Vigilar que se lleven a cabo.
– Gobernar es controlar, vigilar y castigar para hombres ¿pero para mujeres, para plantas, para otros seres vivos?
– ¿Evitar gobiernos antropocéntricos? ¿Otras formas de gobierno?
– ¿Los objetos nos gobiernan?
– ¿Puedes precisar objetos?
– La materia, lo que no son seres vivos: una silla nos hace sentarnos de una determinada manera, un vehículo nos hace ir a determinada velocidad. En este sentido ¿gobernar es conducir el comportamiento?
– Cambiar la técnica, el modo de producción, puede cambiar el gobierno.

– ¿Cuál es la diferencia entre control y gestión?
– Gestión es administración.
– Gobernar implica jerarquizar.
– Gobernar implica tener información y saber gestionar esa información.
– ¿Podemos tener información y evitar el ruido?

Fin de la primera excavación. Hacemos una evaluación de lo sucedido, de cómo lo hemos vivido. Sensación de un opinódromo. No he sentido un excavar juntos. Derivar. La mayoría del tiempo hemos funcionado más desde el deseo de decir que desde la necesidad de escuchar.

Volvemos a intentarlo, esta vez con el concepto HABITAR:

– Habitar es sentirte vivo con lo que haces.
– Habitar también es encontrar esa semilla en lo que haces y dejar que vaya desarrollándose. Favorecer la germinación.
– Que esa semilla que queremos que germine sirva para el común.

– Habitar es enraizarte.
– Un enraizamiento que aspira a crecer.
– El enraizamiento es algo más estático. Habitar es al mismo tiempo evolucionar, cambiar.
– Es potenciar la historia pero también construir un futuro.
– Habitar es estar en el pasado, en el presente y en el futuro. A la vez.
– Un presente habitado donde ponemos el cuidado, contiene el futuro.
– Sentir el momento en profundidad y desde ahí sentirte abierta.
– Respirar.

– Cualquier forma de habitar se basa en la permeabilidad.
– Conectar con el entorno. Conectar con el exterior. Vincularse con el lugar.
– La simbiosis me lleva a sentir que soy parte.
– El problema no es la simbiosis sino el parasitismo.
– Para poder abrirme y enraizar, necesito sentirme segura y libre.
– Los puntos de fricción ¿serían los conflictos?
– El parasitismo, las plagas, forman parte del proceso.
– Un problema es una voz que necesita ser escuchada.
– Las plagas se eliminan por sí mismas. Permacultura.
– Un conflicto que deriva en catarsis. El shock sirve para vislumbrar.
– Tratar de comprender. La importancia del tiempo. Que no sea acción reacción.
– Asumir la multiplicidad reconociendo sus tránsitos, y que en esos tránsitos las autoridades las vamos permitiendo de manera relacional.

– Ser conscientes de estar vivas. Perder el control.
– Márgenes que no nos esperamos. Nos hacen pensar impensables.
– Tragar.

– Pensar haciendo más que hacer pensando.
– Hacer, abiertas no sólo a lo que pensamos, sino también a lo que sentimos.
– También reflexionar el hacer pero desde lo vivido.
– Buscar otro lugar desde el que volver a trabajar el gobernar.

– No estamos aún preparadas para habitar.
– ¿Cómo habitar sin tener que ser héroes?
– Apoyándose conjuntamente.
– Entender el habitar desde la cotidianidad. Pensar en las tareas, en lo reproductivo.
– El cuidado teje una trama que hay que cuidar.
– Habitar es interdependencia.
– Estar atentas, disponibles para las demás y las demás disponibles para mi.

GOBERNAR (segundo intento de excavación):

– Gobernar es tomar decisiones.
– La decisión se toma desde el deber ser.
– Combinar lo que hay que hacer con lo que se puede hacer.
– … ¿No estamos entrando de nuevo en el habitar?
– Gobernar y habitar pueden ir de la mano.
– Puede ser a través de normas.
– Hemos construido la dicotomía de polos opuestos y lo veo forzado.

– Conexión de túneles. Vasos comunicantes.
– La responsabilidad de sostener este pasadizo.

– Igual que tenemos dos manos. Darnos cuenta en cada situación de qué camino puede ser más adecuado para interpretar el momento.
– Desde el creer que yo puedo hacer algo. Saber discernir cuándo es el momento para una acción u otra.
– Generar, sentir que algo falta y que no tiene presencia y ayudar a que la tenga.
– Desde la debilidad también algo puede ser potente.
– El 15M nace en un vacío en el que algo nuevo podía pasar.
– Dejar espacios para que las cosas sucedan.
– La violencia del gobernar es para edificar. La violencia del habitar es para dejar un vacío.
– El habitar necesita bosquejos, bocetos y el gobernar tener un plan.

– El estar te indica un camino.
– Dejarse gobernar es no estar.
– ¿Puede haber un gobierno menos intencional? Un gobierno que es retaguardia
– ¿Puede ser habitar una rama del gobernar?
– Habitar como un nuevo estamento, igual que el legislativo, ejecutivo y judicial.
– ¿Y por qué no el gobernar una rama del habitar?
– ¿Cómo aprenderíamos a hacer eso?

Terminamos volviendo a comentar algunas ideas sobre el propio proceso de excavación: Distinguir lo que es conversar y lo que es dar paladas. No queremos solo especular. Estar más pendiente de lo que la otra persona está diciendo. Seguimos sin escuchar. La escucha no es un estar de acuerdo, ni hay que dejarse llevar por lo que hay. No quiero coger esa ola, por muy potente que sea. Ni un exceso voluntarista y dejarse llevar por lo que está pasando. Entrar en la ola con voluntad propia.

Mirar, oler, tocar, respirar, escuchar.